5 estrategias para fomentar un vínculo saludable con nuestros hijos.
Aug 10, 2020
¿Qué es el apego y qué papel juega en el desarrollo saludable de nuestros hijos?
La calidad de los vínculos emocionales que un niño establece con sus cuidadores principales, conocidos como relaciones de apego, es uno de los aspectos más importantes de su desarrollo y a lo largo de su vida. El apego en los primeros años de vida se traduce en un conjunto de comportamientos destinados a proteger al bebé. La función de las figuras de apego es brindarle seguridad, tanto física como emocional.
Las figuras de apego son esas personas especiales que un bebé/niño busca y en las que confía, especialmente en situaciones en las que siente que necesita consuelo o protección. Los niños desarrollan apego a personas clave en sus vidas: sus cuidadores principales, como su madre y su padre, pero también a otras personas importantes en su vida, como sus abuelos y maestros de preescolar. 
5 estrategias para fomentar un vínculo saludable con nuestros hijos:
1) Tiempo de conexión/vínculo: el papel de la sincronización entre la madre (u otro cuidador) y el bebé
Ya sea que su hijo sea un bebé de apenas unos meses o que ya esté en edad preescolar, realmente necesita sentirse conectado con sus figuras de apego.
Hablo de momentos de intimidad, de calma, cuando sentimos que hablamos “el mismo idioma” que nuestros hijos.
No tiene que ser algo complicado o que requiera mucho tiempo: son pequeños momentos a lo largo del día en los que hacemos una pausa un poco en el ajetreo de lo que tenemos que hacer y simplemente escuchamos lo que tienen que decir, mostramos interés en lo que les interesa, respondemos y les damos la oportunidad de respondernos.
Si pasamos gran parte del día lejos de nuestros hijos (por ejemplo en el trabajo), se vuelve muy importante darles la oportunidad de reconectarse con nosotros cuando llegamos a casa (¿te has preguntado alguna vez por qué los niños tienen dificultad para calmarse o dormir solos cuando han estado lejos de ti todo el día?).
Las investigaciones muestran que esta sincronicidad en la interacción con nuestros hijos está estrechamente relacionada con un apego seguro y niveles de estrés más bajos en los niños.
Consejo: Juega, habla, baila con tu hijo… cualquier actividad en la que ambos estéis concentrados en lo mismo y os comuniquéis entre vosotros (aunque sea sin usar palabras…).
2) Ayudar a regular las emociones: un trabajo para dos.
Las figuras de apego desempeñan un papel crucial en la regulación emocional infantil. A medida que crecen, los niños se enfrentan a la creciente necesidad de afrontar situaciones que les generan sentimientos de incertidumbre, tristeza, frustración, etc.
Los niños pueden experimentar estas emociones con mucha intensidad, especialmente entre los uno y los tres años, cuando son tan nuevos y confusos. A veces, un niño puede sentirse incapaz de controlar estas emociones y no siempre es capaz de expresarlas con palabras. Pequeños contratiempos pueden provocar rabietas graves.
Por eso es importante que los adultos que los rodean apoyen este aprendizaje gradual de la gestión de las emociones, ya que aún no pueden hacerlo por sí solos. Por ejemplo, puede ser útil nombrar la emoción que creemos que siente el niño y preguntarle si está de acuerdo (por ejemplo, "Creo que estás enojado/triste porque... ¿crees que es eso?").
Cuando tenemos que hacer algo o prohibirle a un niño que lo haga que le provoca una emoción negativa, suele ser útil explicarle que entendemos que es difícil, pero que tiene que ser así (por ejemplo, "Sé que te gustaría jugar con el juguete de ese niño, pero no es tuyo, así que no puede ser"). En este tipo de situaciones de prohibición, también puede ser útil ofrecer una alternativa aceptable para ambas partes (por ejemplo, "No puedes hacer/tener esto, pero podemos hacer aquello en su lugar...").
Consejo: No niegues ni descuides las emociones de tu hijo. Aunque algunas reacciones negativas le parezcan exageradas a un adulto y sientas la tentación de decir "no es nada, no tienes por qué estar triste", para él la emoción es real y debemos intentar ver la situación desde su perspectiva para que sienta que sus experiencias emocionales son válidas. Esto es muy importante para que el niño se sienta valorado.
3) La importancia de las rutinas y la constancia: les ayuda a sentirse seguros y reduce las rabietas.
Algunos niños son más sensibles a los cambios de rutina que otros. Sin embargo, la previsibilidad es un factor muy importante para todos ellos.
Un mundo predecible es reconfortante y no requiere tanto ajuste de expectativas por parte del niño, lo que ayuda a evitar emociones descontroladas y rabietas. Por otro lado, esta previsibilidad también beneficia a los cuidadores, ya que facilita mucho la percepción de si lo que parecía una rabieta injustificada es en realidad somnolencia o hambre, por ejemplo.
Consejo (si tienes un bebé que aún requiere cuidados constantes): busca esos momentos en los que más disfrutes de tu bebé, como justo después de amamantarlo o de bañarlo; disfrutar esos pequeños momentos de placer con tu bebé te ayudará a superar los momentos en los que te sientas deprimida o agotada.
Consejo (si tiene un hijo de entre 1 y 3 años): a estas edades, mantener ciertas rutinas, especialmente en cuanto a los cuidadores y los horarios de sueño, facilita el bienestar del niño y de la familia. Sin embargo, siempre habrá momentos difíciles, y durante este período de desarrollo es más importante que nunca intentar mantener la calma, ser predecible y comprensivo, incluso cuando se sienta frustrado. Los niños tienden a imitar las reacciones y comportamientos de los adultos que los rodean.
4) Apoyar la exploración del mundo: dejar que ellos mismos desarrollen habilidades y confianza en sí mismos.
Los niños aprenden explorando. Y la exploración está estrechamente ligada al apego, ya que un niño solo puede explorar eficazmente si se siente seguro por sus figuras de apego.
Cuanto más apoyado se sienta un niño por los adultos que le rodean, más querrá explorar el mundo e intentar comprender cómo funcionan las cosas: ¡a eso le llamamos jugar!
Pero hay una cuestión crucial en cómo brindamos este apoyo: debemos dejar que el niño lidere el juego y tome la iniciativa sobre qué y cómo quiere jugar.
Al darles espacio para explorar de forma independiente, estimulamos sus habilidades y su confianza en sí mismos. Estamos ahí para acompañarlos, responder, mirarlos cuando señalan y sonreír cuando sonríen, comentar cuando nos dan un juguete y usar sus intereses para enseñarles sobre el mundo que los rodea.
Y al recibirlos con los brazos abiertos cada vez que nos invitan a participar, les estamos comunicando que estamos interesados en sus actividades, así como ellos siempre son bienvenidos a volver a nuestro “regazo” si se sienten cansados o asustados.
Consejo: Cuando el bebé/niño esté concentrado y feliz explorando un juguete, obsérvelo de cerca y déjelo tomar la iniciativa de participar en el juego.
5) Cómo afrontar las rupturas: cómo reducir la ansiedad asociada a la despedida
Todos tenemos momentos en los que tenemos que separarnos de nuestros hijos. Ya sea porque salimos y los dejamos con alguien, o porque van al jardín de niños, entre otras razones.
La separación de las figuras de apego es difícil para los niños porque implica abandonar a quienes más confían justo cuando más los necesitan (para ayudarles a gestionar ese mismo miedo a estar sin ellos). Por eso, las separaciones son más fáciles de gestionar cuando el niño permanece con otra persona clave, así como cuando percibe que hay previsibilidad en lo que sucederá y en el regreso de su figura de apego.
Por ejemplo, los primeros días en el jardín de infantes pueden estar llenos de ansiedad, pero con el tiempo el niño aprende qué esperar de su día y confía en que los cuidadores volverán a recogerlo al final del día.
Dado que las situaciones de separación generan miedo en los niños, es fundamental que los cuidadores transmitan confianza y tranquilidad, y no prolonguen la despedida más de lo necesario. Si el niño percibe que el adulto se siente aprensivo e inseguro al dejarlo, sentirá que tiene motivos para estar asustado y que la situación en la que se encuentra no es segura. Buscará en sus figuras de apego pistas sobre cómo sentirse ante la separación.
Si un niño tiene experiencias de separación positivas, es decir, que aunque le generen cierta ansiedad, las maneje con confianza, se sentirá más competente, eficaz y autónomo, herramientas que le serán de gran utilidad a lo largo de su desarrollo.
Consejo: Si tienes que dejar a tu hijo con familiares o educadores, explícales lo que ocurrirá (aunque el niño aún no hable), asegúrales que volverás a recogerlo y márchate sin prolongar la despedida.
Espero que esta información y estos consejos te resulten útiles. Sobre todo, recuerda que eres la persona más importante (¡o una de las pocas!) en la vida de tu hijo, y que siempre que te esfuerzas al máximo, ¡estás haciendo suficiente!
¡Qué delicias!
Dra. Paula Oliveira
Psicóloga especializada en desarrollo
Tiene un doctorado del University College de Londres, enseña en dicha universidad y es investigadora en el Centro Nacional Anna Freud para Niños y Familias en Londres.
Miembro de pleno derecho de la Orden Portuguesa de Psicólogos y de la Sociedad Británica de Psicología.